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Por Anyelina Rojas V.- Siendo un joven profesional, en su natal Arica, allá, por el año 1983, en plena dictadura militar, Arturo Tomás Zegarra... Al otro lado de la vereda;  Arturo Zegarra, en la defensa de los acusados

Por Anyelina Rojas V.-

Siendo un joven profesional, en su natal Arica, allá, por el año 1983, en plena dictadura militar, Arturo Tomás Zegarra Williamson, hombre de principios, consecuente e idealista, como lo definen sus más cercanos, decidió dar un paso. Un difícil paso, como fue crear la Comisión de Derechos Humanos. Ello le valió persecución política y relegación, pero también la gratificación de sentir que hacía lo que debía hacer. No imaginaba que en la cúspide de su carrera, sería Defensor Público, tarea al cual también le imprime un sello especial incorporando, una mirada intercultural, reconociendo la existencia de indígenas en nuestra zona.

En los ochenta no había ni defensor ni reforma judicial. Ni tampoco democracia. Pero más allá de la coyuntura, Arturo Zegarra, se afanaba casi tanto como lo hacía en la defensa de los derechos humanos, en ser un profesional de primera línea, preocupándose de un continuo perfeccionamiento.

En 1990 fue nombrado Seremi de Justicia de Tarapacá. En 1994 asume como Seremi del Trabajo y retoma  en Justicia entre 1995 y 2000.  El 2002 asume como Defensor Regional.

Sello intercultural

Un tema que le ha orientado en este cargo, es cómo desde el Estado chileno, se reconoce la interculturalidad, especialmente en una zona, con una marcada presencia de personas de origen aymara.  Hoy, a través del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Chile está obligado a incorporar la justicia indígena, sin embargo, la Defensoría en esta región, fue pionera en el tema. Por ejemplo, a través de la incorporación de facilitadores  interculturales, que no sólo hablen la lengua originaria, sino que provengan de la misma cultura.

Conociendo la realidad policial que se da en la pre cordillera y el altiplano chileno e incluso, en la misma ciudad con los indígenas urbanos;  además, entendiendo que el sistema penal chileno, no sólo lo constituye la Defensoría, la pregunta surge espontánea.

-¿Es suficiente que este rol  de justicia indígena sólo lo asuma la Defensoría?
-Es una obligación del Estado de Chile el de dar cumplimiento a ello, pero las distintas instituciones son las que tienen que  ir operando. Yo respondo por la Defensoría, en esta Región.  Y le insisto para mí siempre fue un tema no menor, por eso partimos del año 2002,  cuando  incorporamos  la facilitación intercultural.

-Le insisto. Es la postura como defensa, pero ¿qué pasa con la Fiscalía que es la que acusa?, ¿este proceso no debiera ser en paralelo para el conjunto del sistema penal chileno?
-Este es un sistema adversarial, por lo tanto, lo que persigue la Fiscalía, lo decide la Fiscalía. No se resuelve un conflicto entre los fiscales y los defensores; se resuelve ante un tribunal imparcial, en un juicio adversarial donde la Fiscalía tiene una posición y probablemente la Defensa tiene  otra.  Y en casos como estos, obviamente puede tener miradas distintas. No necesariamente pueden aparecer claramente los elementos culturales que estén presentes en las acciones. Esa es la obligación de los defensores,  de poner estos elementos ante quienes  tienen que dirimir el conflicto, es decir los jueces.

-Digamos que la Defensoría es también una institución occidental, por lo tanto, podría generar recelos en el mundo indígena. ¿Han avanzado en lograr  mayores niveles de confianza?
-Tenemos presenta aquello, por lo tanto en nuestro trabajo también tenemos presente el cómo nos acercamos a las comunidades y cómo realizamos las consultas hacia el mundo indígena. Es un tema que no podemos soslayar. Desde el comienzo estamos trabajando en esa línea, por eso surge la facilitación intercultural, que sale a partir de conversaciones con dirigentes aymaras…

-¿Es un sello de su gestión?,  ¿tiene que ver con su origen y su desempeño en el tema de los derechos humanos?
-Claro, tiene que ver con una conducta de vida y con una pertenencia a un lugar. Mi padre proviene de Belén, un pueblo de la pre cordillera de Parinacota,  en Arica. Por lo tanto, siempre tuve cercanía con el mundo indígena.

-En esta zona  hay gran presencia de personas de origen aymara,  chilenos o extranjeros. ¿A qué se debe el hecho que tengan una conducta distinta al resto de la población penal? Entendiendo que son más tranquilos y generan menos problemas.
-Justamente por cosmovisiones y formas de enfrenar la vida de manera distinta. Es sabido por Gendarmería… lo supe yo, como Seremi de Justicia, que lo fui por 10 años en esta región… que la persona de la etnia  aymara  es diferente. No entran en conflicto de manera fácil; son personas más reservadas, con una forma de vida distinta y eso, por lo tanto, también se expresa cuando tienen que cumplir con penas de encierro.

Convicciones profundas

-Si hace un balance, desde que  parte como defensor de los derechos humanos en Arica, ¿Qué saca como síntesis de ese proceso?
-Primero siento que cuando uno tiene convicciones profundas y pone la profesión al servicio de lo que cree, el resultado es este, el de ser feliz con lo que uno hace. También pienso que hay que hacer  las cosas cuando hay que hacerlas. Eso es lo que marcan las convicciones. Llegué al mundo de los derechos humanos por una convicción personal. Había obtenido una herramienta (la profesión de abogado que podía utilizarla para beneficio propio, o también compartirla en la necesidad,  que  una parte muy importante que la población de Chile tenía. Y opté por esto, el ejercicio libre de abogado y el servicio público de defensa a los derechos humanos. Lo hice sin mayores cuestionamientos; era algo sólo de principios. Además no fui el único que lo hice; hubo mucha gente y muchas de ellas con mayores dificultades para enfrentar los problemas que generaba este compromiso.

-¿A qué se refiere?
-Había personas que perdían el trabajo, que eran perseguidas. En mi caso, la profesión de abogado me permitía tener una herramienta de mejor nivel para enfrentar aquello. Pero no por eso estuve ajeno a la represión, de hecho estuve relegado en el sur del país.

-¿Sus convicciones siguen siendo las mismas?
-Le respondo con un dicho popular. “El que nace chicharra muere cantando”.

-Estar en la Defensoría, es defender a los acusados, a los marginales. Algo de eso es también como trabajar junto a los “parias” de la sociedad.
-Trabajar en la Defensoría fue una opción. Tomé esta opción y para ello me preparé y postulé a un cargo en el que se podía ganar o perder… Yo ya tenía un prestigio ganado, pero me presenté, frente a un trabajo donde hay muchos profesionales que quieren trabajar en esto. Y lo hice porque sentí que la Defensoría es un trabajo muy lindo, porque primero que nada uno trabaja con personas, que ante todo son seres humanos; y después cometen hechos.

-Entonces…
-Es que es el respeto que se debe tener por esa persona, es lo que hace que uno se pueda sentir feliz. Y Tratar de convencer al resto de las personas  de ello, sobre todo hoy día, en -los  últimos 20 años en Chile-, en que ha habido una estigmatización hacia a aquel que ha cometido un error o que enfrenta la vida con formas distintas a la de la mayoría.  Se tiende a despersonalizar, se tiende a estigmatizar no sólo como el delincuente, sino que se piense, incluso, que la mejor forma de terminar con la delincuencia sea matar a esa gente. Y cuando se dice “esa gente”,  son los otros.  La verdad que ese es un concepto tan terrible para el ser humano, que lamentablemente se ha estigmatizado; incluso hay una transversabilidad en el mundo político por elevar penas por ejemplo y pensar que la cárcel es la solución para los delitos. Felizmente hoy día eso viene de vuelta, porque hoy día se ha entendido que la cárcel trae más violencia, más delitos…

-Es que el tema ha colapsado también…
-Pero atravesado también por una concepción equivocada; la de marginar al otro, de no pensar que esa persona  es un ser humano que como tal merece el respeto. Además hay que entender que de alguna manera, si esa persona comete esos hechos, es porque todos hemos fallado.