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  Gonzalo Prieto Navarrete, Sociólogo/ Desde Madrid La ciudad de Iquique se encuentra enterrada en los mismos males del país. Aunque muchos la presentan como...

  Gonzalo Prieto Navarrete, Sociólogo/ Desde Madrid

La ciudad de Iquique se encuentra enterrada en los mismos males del país. Aunque muchos la presentan como una isla en el desierto, como una excepción, somos el reflejo del mismo sistema político y económico.

En primer lugar tenemos un duopolio representado por el sorismo y la derecha –ya que la Concertación no existe sin Soria, y tampoco el PC– que han administrado uno de los gobiernos locales más prometedores del país dejando claramente relegados a la población más pobre de la ciudad. Gestiones que sin duda han colaborado a generar riqueza, pero la pregunta sería ¿riqueza para quienes? Ya que cuando la tarea de un municipio es resolver los problemas locales de la población y colaborar en el desarrollo del territorio, nuestros alcades (Soria y Dubost) han entendido que el municipio es una plataforma de negocios, dejando la educación, la salud y el medio ambiente a la deriva.

La economía local no es distinta; ésta no es fruto de la magnífica gestión municipal, sino del alza en el precio del cobre que tira del carro nacional y local. A mayor precio del cobre crece la demanda de empleo, mejoran los sueldos, crece el gasto, se atrae la inversión y los servicios, pero todo ese crecimiento económico se encuentra muy lejos de cumplir con los objetivos de un desarrollo integral que brinde a la gran mayoría de los ciudadanos una ciudad limpia, moderna, con servicios municipales de excelencia, con una educación pública de calidad, con una salud de alto nivel. Todo esto no existe y la respuesta siempre ha sido echarle la culpa al otro, que si bien es responsable de muchas cosas, tenemos una importante cuota de responsabilidad. Si queremos hacernos cargo de la ciudad y la región debemos ser capaces de hacernos responsables de las tareas que debemos llevar adelante.

No hay alternativa política en Iquique porque no nos atrevemos a cambiar la historia. Ese cambio pasa por construir dicha alternativa y proponer a las y los ciudadanos de la ciudad todo aquello que no existe, porque tenemos los recursos pero nos falta valentía para ser capaces de quebrar la hegemonía. Es cierto que no es una cuestión fácil, se requiere de trabajo, esfuerzo y recursos económicos para levantar un camino diferente, pero también requiere una cuota importante de coraje y liderazgo que parece agotado en la ciudad.

La próxima campaña municipal debe ser un desafío para todas y todos los habitantes de Iquique, debemos preguntarnos si queremos más de lo mismo, o nos atrevemos a crear la Alternativa.