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ElMostrdor.cl  Cuidado con lo que pides, dice un conocido refrán popular. El conflicto interno que desató el atrevimiento del timonel de RN, Carlos Larraín, va a quedar en los anales de esta administración. La dura reacción de la UDI –el partido mayoritario de la Alianza- se convirtió en un gallito en el que el gremialismo está apostando todas sus fichas. Si lo gana, una vez más, quedará en entredicho el liderazgo del Presidente y su real convicción de querer realizar reformas históricas durante su período. Y su partido supeditado a las veleidades de sus irreductibles aliados.

Hace sólo una semana el Presidente Sebastián Piñera le había devuelto a su jefe de gabinete, Rodrigo Hinzpeter, la responsabilidad de diseñar una fórmula para que los partidos oficialistas se abocaran al análisis de una eventual modificación al sistema electoral.

 Cuando los ecos de la reunión en la residencia del titular de Interior aún no se apagaban, se conoció el acuerdo RN-DC, para las reformas políticas, que tiene en vilo a la coalición. Aunque parece despejado que La Moneda no tuvo ningún indicio de lo que sucedía, los ministros políticos ya están siendo cuestionados. Porque ninguno parece haberse alertado de lo que sucedía. De nuevo no cumplieron con la tarea de dique de contención para evitar que la crisis interna estallara en la cara del jefe de Estado, sobre quien pende toda la responsabilidad de resolverla. Y, porque, como en muchos otros conflictos importantes en estos dos años, no existe delineada una estrategia para salir del paso de forma rápida y airosa. Una vez más, el equipo político está en tela de juicio.

Muy a pesar de la buena performance que había desarrollado hasta ahora el vocero, el tema del cambio al binominal se convirtió, de un día para otro, en su prueba de fuego. Sin un plan de contingencia, algo que siempre ha escaseado en Palacio -según reconocen fuentes de la propia administración-, hubo que actuar sobre la marcha, cuando la molestia de la UDI comenzó a dar señales de que podría generar un daño irreparable al interior del pacto de gobierno. En La Moneda también admiten que este escenario genera un nuevo problema comunicacional. Porque “cómo se le explica a la ciudadanía que el gobierno no acepte un acuerdo con la oposición para hacer algo que se supone que Piñera siempre ha querido, que es cambiar el binominal, sólo porque la UDI no quiere”.

En esta pasada, la figura de Chadwick ha sido “cero aporte” para ordenar al gremialismo, advierte un observador de Palacio. Incluso hay quienes especulan en La Moneda, que el impasse tras la cena del mandatario con los jefes de los partidos políticos, hace ya 15 días, habría provocado la decisión de Piñera de devolverle a Hinzpeter la facultad de negociar con las colectividades oficialistas. Aunque los más cercanos al gremialismo le bajan el perfil a tan incómoda señal, advirtiendo que “esa es la pega” del titular de Interior, “así es que no tiene nada de raro que se le encomienden esas tareas”.

El buen desempeño mostrado por el portavoz desde que ingresó al gabinete, en julio pasado, fue puesto en duda tras la vocería que puso interrogantes de que el gobierno tenga la real convicción de avanzar en la modificación al sistema binominal. Esa noche del lunes 9 de enero, el primo del jefe de Estado aseguró que se había acordado lo que llamó la “carta de navegación” de la administración Piñera para el 2012. Junto con anunciar los ejes en que se enfocaría, descartó que las polémicas reformas políticas fueran “prioridad” para el Ejecutivo. Lo que encendió las alarmas en los sectores liberales de Renovación Nacional.

Sospechas

Fue por eso que el grupo transversal de parlamentarios, integrados por RN e independientes -tan criticado por el timonel de la tienda, Carlos Larraín, por buscar votos para Piñera fuera de la Alianza-, se adelantó a anunciar su disposición a buscar consenso con sus pares de la DC, justamente, para reunir los votos para cambiar el sistema electoral y facilitarle al mandatario el envío de un proyecto. Por esos días, un sector de la tienda de la casona de Antonio Varas ya observaba con preocupación la reacción del vocero tras la cena.

Cuando el Presidente golpeó la mesa e instó a los partidos oficialistas a ponerse de acuerdo para avanzar en las reformas políticas, particularmente para cambiar o modificar el binominal, entendieron la arremetida del mandatario como una “quitada de piso” a Chadwick. Y percibieron en ello una señal de la molestia de Piñera por la vocería del ministro, tras la cita en que todos los presenten habrían entendido de manera distinta los planteamientos presidenciales.

La idea que rondaba entre los liberales de RN, que comenzaron a observar con sospecha a Chadwick, era si el ministro “le hace la vocería a la UDI o al Presidente”. Porque estimaban que al descartar que las reformas políticas fueran una prioridad para el gobierno, no sólo le hacía un gesto significativo a su partido, sino que adicionalmente se imponía la sensación de que el mandatario se deja pautear por el gremialismo y que su poder de veto al interior de la coalición no tiene contrapeso. Lo que “no sólo deja mal parado al Presidente, sino también en una pésima posición a Renovación”, asegura un parlamentario.

 Incluso en un pequeño sector de la UDI estimaban que, evidentemente, al reasumir Hinzpeter su rol político, “comienza a retomar el liderazgo al interior del gobierno. Le resulte o no la búsqueda de acuerdos para cambiar el binominal”. Quienes hacían esta lectura en el partido del vocero, chocaban con los que tenían la tesis inversa. Uno de ellos aseguraba que el portavoz “es el político más vivo y hábil que he visto. El debe haber orquestado esto para quedar bien con el Presidente y con la UDI”, pues le complicaba –sostienen en la tienda- ponerse en una posición tan radicalmente distinta a la de su partido.

Y cuando aún el oficialismo intentaba a duras penas dejar atrás el difícil episodio con que comenzó el año, Carlos Larraín provocó la réplica que pasó a convertirse en un terremoto grado 10. Anuncia un acuerdo con la DC para avanzar en una serie de reformas políticas que incluye cambios al binominal. Como era de esperar, desde ese día, la UDI se viene comportando como la verdadera “derecha histérica” que el ahora ministro de Economía, Pablo Longueira, solía criticar.

Primero, llamó al orden a sus socios; luego, le exigió al gobierno que diera una señal para que RN reaccionara. Pero no se detuvo ahí. Como fue insuficiente que el ministro Hinzpeter se viera en la obligación de desdecirse el mismo miércoles 18 en un  corto espacio de tiempo, los dirigentes y parlamentarios de la tienda de calle Suecia siguieron presionando.

Ese día el titular de Interior, a primera hora, valoró el acuerdo alcanzado. “Hemos planteado que hay que perfeccionar o reemplazar el sistema electoral y cuando uno ve que los partidos se hacen eco de esos planteamientos y se juntan, incluso partidos de gobierno con los de oposición, uno dice, como gobierno, ‘estamos haciendo bien la tarea’. Miro con mucho optimismo todas las iniciativas que se realicen desde la oposición, de los partidos de gobierno, desde el gobierno”, enfatizó.

Sólo horas más tarde corrigió sus propios dichos, en medio de la fuerte presión que ya ejercía la UDI sobre La Moneda y que no da visos de terminar. A esas alturas se cuadró con el que ya era el discurso oficial del gobierno. “En este momento lo conveniente es realizar todos los diálogos dentro de la Coalición por el Cambio, primero, y luego salir a buscar acuerdo con otros partidos”, lo que reforzó al día siguiente, advirtiendo que “lo razonable, lo prudente y lo apropiado es construir consenso dentro de la Coalición por el Cambio, primero, y luego buscar acuerdo con otros partidos. Si se ha producido un diálogo donde uno de los partidos (de la alianza) no había sido advertido o notificado, nos parece que no es lo que hubiéramos esperado ni lo conveniente”.

La encrucijada de Hinzpeter

No ocurrió lo que algunos fieles defensores del titular de Interior esperaban. Hinzpeter no salió a “prestarle ropa” ni al timonel de RN ni a los liberales que, pese a la resistencia que les generaba, apoyaron a Larraín con todo, salvo excepciones. “Nadie entendería que no apoyáramos algo por lo que hemos venido luchando ya tantos años”, se lamentaba un representante del sector que tuvo que salir a dar la cara por el polémico dirigente.

 En este revuelto clima, Larraín no le dio tiempo al escudero de Piñera para recuperar el liderazgo perdido. O, tal vez, sea simplemente que las últimas amenazas de la UDI no le dejaron espacio de maniobra al ministro. Después de todo, no es llegar y asumir el costo de que se paralice la negociación electoral ad portas de dos años que estarán cruzados por los comicios municipales y parlamentarios. Eso sin mencionar la presidencial. O que sus irreductibles aliados estén dispuestos a desconocer un acuerdo previo, según el cual la presidencia de la Cámara de Diputados quedaría en manos del RN Nicolás Monckeberg.

Quien ha pasado casi inadvertido en este debate es el ministro secretario general de la Presidencia, Cristián Larroulet. Sólo habló con el vespertino La Segunda, el día que se dio a conocer el polémico acuerdo entre RN y la DC. En esa ocasión, sus palabras iban en una línea similar a las primeras declaraciones de Hinzpeter: “Todos los diálogos que se produzcan en el mejoramiento de la institucionalidad política son bienvenidos, y el gobierno, así como está dialogando con los partidos, también valora que los partidos lo hagan”, sentenció.

Pero lo cierto es que la postura del titular de la Segpres en este tema no varía, en lo sustancial, a la de la UDI. A comienzos de enero señaló que el gobierno estaba buscando los consensos necesarios para introducir cambios al binominal, pero “sin modificar sus características centrales, que han permitido darle gobernabilidad al país”. O sea que cambiar el sistema está lejos de su agenda. Algunos atribuyen su notorio silencio a que “no tiene mayor interés en cambiar el binominal y si entra al debate sería como echarle más leña al fuego”.

Lo cierto es que, aparte de Presidente Piñera a quien se le ha cuestionado muy en privado su incapacidad de imponerse a la UDI, los que han resultado con su imagen más averiada gracias a esta crisis, son los titulares de Interior y Gobierno. Tal vez porque, a diferencia de Larroulet, ambos reconocen domicilio en las tiendas involucradas en la disputa. Por lo que en ambas colectividades también se generan expectativas respecto de su accionar. Por lo pronto, el Consejo de Gabinete del jueves y viernes pasado en Cerro Castillo no parece haber contribuido a mejorar las cosas.

Salvo el reconocimiento no sólo del mal momento que atraviesa el oficialismo, de parte del jefe de gabinete de Piñera, sino también la reiteración del error de Carlos Larraín: “No estamos pasando por el mejor momento, en términos de clima. Porque habíamos definido una forma de trabajo: que es, primero, construir un consenso interno, y luego buscar acuerdo con otros partidos. Y eso, de algún modo, no se cumplió”.

FUENTE: ElMostrador.cl