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PuroPeriodismo.cl Tres dimensiones atraviesan la vida profesional de Pedro Cayuqueo Millaqueo (1975), periodista oriundo de Puerto Saavedra y que hoy reside en Temuco, en... Pedro Cayuqueo: “Lo que se vivió en Carahue es uno de los capítulos más tristes del periodismo chileno”

PuroPeriodismo.cl Tres dimensiones atraviesan la vida profesional de Pedro Cayuqueo Millaqueo (1975), periodista oriundo de Puerto Saavedra y que hoy reside en Temuco, en la región de la Araucanía, donde es miembro de una comunidad mapuche del sector Entre Ríos.

La primera dimensión es como gestor de medios: es fundador de la revista Azkintuwe (“El Mirador”), proyecto que comenzó simbólicamente el 12 de octubre de 2003, y de Mapuche Times, periódico que se lanzó a fines de 2011. La segunda es como reportero y columnista: su pluma circula por El Post, The Clinic y El Mostrador, además de The Indian Country Today, el principal periódico indígena de los Estados Unidos.

Y la tercera, quizás la más notoria, es como tuitero: con poco más de siete mil seguidores, @pcayuqueo no sólo es su chapa digital en esta red, sino que también el origen de filosas y refrescantes microrreflexiones sobre el mundo mapuche, los medios de comunicación chilenos —sí, con apellido— y su simbiótica relación con el poder político y económico.

Relación que, durante este mes de enero, ha sido ineludible. Desde las confusas acusaciones de autoría de los incendios en Carahue y Quillón por parte del Gobierno hasta la polémica entrevista que Jorge Ramírez, periodista de La Tercera, habría hecho en la cárcel de Angol a Héctor Llaitul, líder de la Coordinadora Arauco Malleco, y que luego su familia se encargaría de desmentir.

Cayuqueo aborda estos temas con parsimonia y claridad. Dice que el periodismo chileno debe prescindir de los comunicados de prensa y sumergirse en las comunidades vivas, capturar su voz; cree que la duda debería ser el eje de todo reporteo; confirma su adhesión a una ética universal del periodismo; reconoce su independencia ideológica y económica para ejercer su oficio; y asegura que con el Mapuche Times piensa construir una plataforma comunicativa que le permita erigirse en el decano —como El Mercurio— del periodismo intercultural del país.

Mapuches: Entre la crócnica rojas y la nota curiosa

La geografía no parece ser el fuerte de los periodistas. Así lo comprobó Pedro Cayuqueo en los despachos y publicaciones de los corresponsales durante los incendios de enero: “Llegaba a dar pena que colegas santiaguinos situaran a Carahue en la Cordillera de los Andes, siendo que está a 20 kilómetros de la costa”.

Sin embargo, cree que el problema trasciende el ejercicio profesional y se anida en una herencia cultural rígida y monolítica. Por eso prefiere dar el beneficio de la duda. “A ratos ni siquiera es culpa de ellos el desconocimiento que tienen —tan brutal a veces— de nuestra realidad. Hay que considerar que a nadie se le enseña hoy en este país la historia de nuestro pueblo”.

—Hace poco publicaste una columna en El Mostrador sobre los incendios y las acusaciones del ministro Hinzpeter. ¿Qué rol han tenido los medios en este hecho?
-Los medios actúan en este país como correo de transmisión del discurso oficial. A mí me sorprendía en Carahue que los colegas de los grandes medios, corresponsales que viajaron a la zona, no se interesaran en lo más mínimo por lo que la ciudadanía local, las fuerzas vivas de la ciudad, tenían que decir al respecto del incendio. Nosotros que estuvimos en Carahue, que éramos de la región, nos preguntábamos irónicamente: ‘Bueno, ¿son periodistas o relacionadores públicos? Lo que se vivió en Carahue es uno de los capítulos más tristes del periodismo chileno en el marco del conflicto mapuche.

—¿Cómo definirías el tratamiento informativo que los medios más tradicionales hacen del pueblo mapuche en sus distintas dimensiones?
Si te fijas en el tratamiento de la noticia mapuche pareciera que priman dos visiones. Está la visión de la crónica roja, generalmente ocupando los espacios policiales en la prensa chilena y regional. O pasamos al otro extremo, la folclorización del mapuche y pasamos a ser parte de la nota curiosa, en la zona de turismo, en la parte de gastronomía, un reportaje sobre el viagra mapuche o el merkén más picante. Esas caricaturas son súper perversas, porque la ciudadanía que lee los medios nos ve como un peligro o nos ve como algo exótico, excéntrico y que también es motivo de burla. A través de los medios mapuches lo que hemos tratado de hacer —al menos en Azkintuwe y ahora con el nuevo proyecto— es cambiar la mirada.

—¿Separas la ética del periodista de la ética de la empresa informativa?
-Haría una distinción. Yo no cuestiono a los colegas que trabajan en los grandes medios; creo que son opciones muy personales. Por eso estamos nosotros por gestar medios propios. Hoy existen posibilidades para que una ética periodística, que debiera partir de la independencia del periodista, pueda florecer. Y que por lo demás es una ética universal. A mí el primer día de clases, a un profesor que respeto mucho acá en Temuco, un hombre de medios, periodista de los antiguos, le pedí que me definiera qué caracterizaba al periodista. Y me dijo: ‘Al periodista lo caracteriza sólo una cosa: la duda. Si tienes la duda incorporada en tu ADN, vas a ser un buen periodista’. Y esa duda que me carcome diariamente respecto de las políticas públicas, del Estado, de los medios, incluso la duda que uno debiera instalar respecto a los mapuches mismos, es súper sana y saludable.

—¿Te ha traído problemas?
-Sí. trae problemas. No se acostumbra en el ambiente de los comunicadores mapuches que existan personas que gocen de una independencia que les permita decir las cosas. Nosotros transitamos del activismo al periodismo. El activismo muchas veces se tapa los ojos respecto de fenómenos no muy agradables de contar que son propios de los movimientos sociales. El periodismo tiene el deber y la obligación de dar cuenta de lo que sucede, sea en tu trinchera o en la trinchera contraria. Una de las misiones de los medios es fiscalizar al poder. Y cuando decimos poder no sólo hablamos de las empresas o de las autoridades; también hablamos de los dirigentes sociales. Y eso creo que la ciudadanía lo agradecería mucho.

—¿Qué cosas puede reforzar el periodismo chileno para abordar el mundo mapuche?
-Si tú cubres el mundo mapuche basado en los comunicados oficiales, estás muy perdido. Es impresentable que un periodista vaya a cubrir una noticia del allanamiento a una comunidad mapuche y su principal fuente sea el oficial de carabineros a cargo del operativo y el relacionador público de la empresa forestal. Y que la cuña que ese periodista toma del dirigente mapuche sea donde manifiesta su indignación y su rabia respecto de lo sucedido. Cuando el dirigente comenta el trasfondo histórico, político, social, cultural de sus reivindicaciones, eso jamás es tomado en cuenta. Los partes policiales no son fuente en mi periódico. Sí tomamos testimonios a los oficiales de carabineros, los entrevistamos y les pedimos su opinión. Pero si ellos nos remiten un parte policial, nosotros no lo tomamos en cuenta.

Activismo y humor

Al comienzo, cuenta, ejecutó tareas de contrainformación y denuncias en un contexto de abusos en comunidades mapuches e invocación de la ley antiterrorista por parte del Gobierno de Ricardo Lagos. Incluso su colectivo de contrainformación —llamado Lientur— fue acusado de mantener vínculos con la familia de Osama bin Laden.

Luego mudó su visión. Finalizó sus estudios de periodismo en la Universidad de la Frontera y realizó pasantías en universidades de Canadá y Estados Unidos. “Fuimos entendiendo, a través del ensayo y error, que tú no puedes restringir una pauta informativa a la crónica roja. Eso es lo que hacen los medios con nosotros. Y que nosotros hiciéramos lo mismo era bastante improductivo. Como equipo de comunicacón fuimos avanzando a la visión de un periódico y una comunicación más integral, con distintas visiones de lo que es ser mapuche”.

—¿Hoy te consideras periodista, activista o las dos cosas?
-Yo me considero periodista. No podría ponerle apellido a mi profesión.

—¿Te gusta el periodismo activista?
-El activismo es súper necesario. Yo soy periodista formado en la universidad, trabajo en medios, participo del gremio periodístico local. Pero vengo de una cultura de contrainformación, de la elaboración de fanzines que hacíamos en nuestra adolescencia. Es una etapa que yo transité en su momento, opté por la comunicación en términos profesionales y me parece que es lo que me toca comentar. Valido todas las formas de comunicación, todas son útiles y necesarias, y aplaudo a los chicos que están en una etapa de desarrollar medios independientes, populares, y que ahí manifiestan su visión del mundo y de la sociedad.

—¿Cuando escribes tus columnas de opinión sientes que lo haces a nombre del pueblo mapuche?
-Siempre digo lo siguiente: yo no soy ni lonko ni werken ni vocero de nada. Difícilmente logro que mi hija me haga caso en la casa. Me cuesta otorgarme rótulos. Soy periodista, independiente por lo demás. No tengo ningún tipo de filiación laboral, ni política, más allá de mi militancia en la causa mapuche. Eso me da una libertad tremenda a la hora de escribir.

—¿La ironía y el humor son tus armas preferidas en Twitter?
-No solamente en Twitter. El humor es una poderosa herramienta que permite, a veces, decir cosas que de otra forma sonarían muy bruscas. Y ese es un valor mapuche; el humor negro, la ironía, el doble sentido en las comunidades es algo que aflora. No conozco ningún pueblo con mayor sentido del humor que el nuestro. Ahora, por qué generalmente tú ves a los dirigentes en la televisión como enojados, irritados, o como molestos; eso también es una caricatura de los medios. Un dirigente sonriendo, echando la talla, no junta ni pega con el mito del terrorista que quieren difundir los medios.

—¿Y al periodismo le falta humor?
-Totalmente. El éxito que tiene The Clinic —a nivel de lectores es la revista más leída de Chile— yo creo que se debe a eso, a utilizar una herramienta que el periodismo “de salón” que se cultiva en este país y que las escuelas nos enseñan, ha obviado absurdamente. Clarín, el diario más leído de Chile previo al golpe de Estado, se caracterizaba por su cuota de ironía y humor. A ratos falta que los periodistas se chasconeen un poco. Y falta que los editores permitan que sus periodistas se chasconeen un poco.

Mapuche Time

¿Qué caracteriza al ecosistema de medios mapuches? Cayuqueo afirma, con pesar, que los suyos son los únicos medios impresos que circulan con periodicidad. Pero en internet han florecido portales y blogs que abordan distintas dimensiones del pueblo mapuche, desde la cosmovisión y la ritualidad hasta el tema medioambiental.

“Todos concordamos en un aspecto: tenemos como objetivo editorial relevar la identidad mapuche. Sí hay distintas visiones de los caminos que hay para arribar a esa interculturalidad o hacia un mayor estado de garantía de derechos para nosotros. Me parece fascinante que existan medios con distintas visiones. Hasta diría que somos un ejemplo para la sociedad chilena. Que los mapuches pensemos distinto no tiene por qué ser un pecado”.

Cayuqueo afirma que con el Mapuche Times buscan restablecer las confianzas dañadas entre mapuches y chilenos, expresadas en estereotipos y prejuicios. “El conflicto atañe a todos los habitantes de la región, no solamente a los mapuches”.

—¿El Mapuche Times se venderá sólo en Temuco?
-Se está distribuyendo de forma directa a instituciones, organizaciones, comunidades, instituciones académicas, de gobierno, que debieran interesarse en este tipo de medio. Hemos apostado a una etapa de promoción, de que llegue a ciertas instancias, empresas locales, por ejemplo, de turismo, que también les molesta que se hable de violencia mapuche, que el intendente o Hinzpeter enciendan la región, porque ellos viven del turismo y el turismo mapuche es lo que vende acá en el sur. Hay muchos empresarios locales, básicamente vinculados al turismo, que están muy dispuestos a apoyar medios mapuches que hablan este tipo de temas, y con ellos estamos haciendo la promoción y estamos gestando las confianzas. El conflicto ha dejado instaladas un sinfín de desconfianzas entre ambas sociedades, estereotipos, prejuicios, que son difíciles de romper. Nosotros estamos tratando de gestar esas confianzas para que pensemos que el conflicto atañe a todos los habitantes de la región, no solamente los mapuches.

—¿Es un proyecto regional o tiene proyección nacional?
-Partimos con el Mapuche Times acá en la región. Nuestras pretensiones son grandes. Esto que voy a decir puede sonar polémico, pero a nosotros nos gustaría ser El Mercurio indígena, mapuche, obviamente no con esa línea editorial pero sí con la pretensión de ser un gran medio. Y ningún mapuche bien nacido no le gustaría que los medios mapuches llegaran a ser grandes algún día. Tenemos que trabajar durísimo para eso, somos profesionales en lo que hacemos. Y creo que la ciudadanía chilena se merece medios como los nuestros.

—¿Lo piensas como un proyecto multimedial también?
-Sí, nosotros gestamos una empresa de comunicaciones que es la que le da soporte al Mapuche Times. Y en esa empresa nos estamos reuniendo con comunicadores mapuches de distintas áreas. Hay todo un mundo por conquistar en comunicaciones y tampoco queremos hacerlo solos. A nosotros nos corresponde como mapuches no tanto criticar a los grandes medios; nos corresponde trabajar, sacarnos la cresta. Más que protestar o reclamar por lo que dicen de nosotros, debiéramos preocuparnos —los mapuches en particular— qué hacemos al respecto, qué estamos gestando nosotros para romper ese discurso hegemónico.

 FUENTE:  PuroPeriodismo.cl