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Carlos Salas Lind, Cientista Político “Para desgracia de quienes siguen esperando la cruzada de ajustes de cuentas con el capitalismo, la Europa en crisis... Más crisis, más capitalismo

Carlos Salas Lind, Cientista Político

“Para desgracia de quienes siguen esperando la cruzada de ajustes de cuentas con el capitalismo, la Europa en crisis se alejar – con más fuerza que nunca – de los relatos épicos de luchas y conquistas sociales”. A pocos días de iniciada la grave crisis financiera del 2008, muchos se aventuraron a predecir el fin de la era monetarista, de la Escuela de Chicago y su férreo (e insensible) énfasis en el control de los procesos inflacionarios y la austeridad fiscal.

La elección de un demócrata liberal y de mayor riesgo – como Obama – fue la respuesta de una sociedad norteamericana angustiada por una economía que había logrado romper una historia de intervención estatal para – después – terminar cayendo en las redes de la avaricia sin límites de unos pocos privilegiados.

El derrumbe de la burbuja financiera había dejado en evidencia, que “la mano invisible del mercado” (y su esencia autorreguladora), solo era imperceptible para el ciudadano común, para aquél que siendo parte de los intereses de una aplastante mayoría, sucumbía ante los dictados especulativos de una pequeña híper clase económica.

Hasta ahí, todo parecía tener sentido. Ése final (y no el final de los sistemas antagónicos a la democracia capitalista), ya había sido advertido en la narración de una historia más concientizadora y militante, forjada célebremente por Marx, Lenin y Castro.

En las postrimerías del 2008, los detractores más acérrimos del capitalismo no podían esconder un entusiasmo cómplice, un deseo íntimo de desventura para las masas que se atrevieron a despreciar las virtudes de una alternativa que había estado tan cerca de terminar con la lógica destructiva del lucro y la explotación.

En Chile, hasta el presidente más conservador – que tuvo la concertación en sus 20 años de gobierno – intentó retornar a la Moneda enarbolando la bandera de quienes presagiaban más estado y menos libertinaje del mercado.

Pero el curso económico – que han adoptado las grandes economías del mundo – se ha apartado diametralmente del presagio de quienes esperan impacientemente el retorno de las utopías. Lo cierto es que los golpes al capitalismo han sido respondidos con más capitalismo.

La Unión Europea – cuna de los estados benefactores más avanzados y perseverantes – es un ejemplo muy contundente. La grave crisis económica – que azota a sus socios sureuropeos – está siendo afrontada con un nuevo pacto fiscal que obliga a los países miembros a intensificar sus políticas de austeridad fiscal a niveles extremos.

La apuesta consiste en efectivizar y reducir el tamaño del estado para estimular una reactivación económica sustentada en la iniciativa privada y el emprendimiento. El consenso – en torno a los desafíos que enfrenta una economía continental debilitada – es inusualmente amplio.

El gran nivel de gasto público (que demanda la implementación de políticas de fuerte orientación social), es visto como un obstáculo insalvable para el crecimiento económico, incluso por los mismos partidos y coaliciones que hicieron posible la existencia de un sistema de bienestar social anómalo en un mundo más bien depredador y poco solidario.

En los países escandinavos, la aceptación de la desigualdad social – como elemento deseable para el fomento de la productividad y competitividad – ha dejado de ser un tema tabú, de ser una condición propia de sociedades menos desarrolladas e inclementes.

El nuevo gobierno de centro-izquierda danés impulsa una rebaja general del impuesto a la renta de las personas, salvo que este ingreso corresponda a un seguro de desempleo o financiamiento estatal. Es decir, por primera vez se privilegia (y recompensa) el ingreso ligado a una actividad productiva, relegando uno de los pilares del sistema de bienestar (como es el seguro de desempleo) a una segunda categoría, a una carga social.

En el ámbito educativo, los grandes y constantes recortes presupuestarios amenazan la viabilidad de unos de los pilares fundamentales de un sistema de bienestar social escandinavo: la educación gratuita y de primer nivel.

En el Reino Unido, la coalición gobernante de conservadores y liberales demócratas (que políticamente se definen a la izquierda del laborismo), está implementado un proceso de recorte al gasto fiscal a gran escala, reduciendo (y premiando) – al mismo tiempo – los impuestos a la actividad comercial.

La disminución de los impuestos – a las ganancias de las corporaciones – se ha convertido en la respuesta obligada – y transversal – de los gobiernos europeos, a la hora de orientar el crecimiento económico a la actividad productiva, la inversión privada y el comercio exterior.

Para desgracia de quienes siguen esperando la cruzada de ajustes de cuentas con el capitalismo, la Europa en crisis se aleja – con más fuerza que nunca – de los relatos épicos de luchas y conquistas sociales. En realidad, las propuestas de solución – que proponen los propios hijos del estado de bienestar – parecen acercarse mucho más a las frías y resistidas recetas de las décadas de Pinochet, Thatcher y Reagan.

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