Edición Cero

PuroPeriodismo.cl / por María Angélica Bulnes.-  Como responsable de contenidos del área no periodística de CHV y editor general de “Tolerancia Cero”, Alberto Luengo conoció el lado más... Alberto Luengo: “No tengo vocación de minoría”

PuroPeriodismo.cl / por María Angélica Bulnes.-  Como responsable de contenidos del área no periodística de CHV y editor general de “Tolerancia Cero”, Alberto Luengo conoció el lado más farandulero y el más serio de la televisión chilena. Ahora, acaba de llegar a Copesa para hacerse cargo del canal que el grupo espera poner al aire el primer semestre de 2013. El periodista adelanta algunas líneas sobre el proyecto, analiza la televisión actual y les advierte a las autoridades: “Señores parlamentarios, no se compliquen con el rating online, no es el problema”.

Si hay un grupo de medios que no ha descuidado a los sectores influyentes es el liderado por Álvaro Saieh. A través de distintos formatos, Copesa apunta preferentemente a los segmentos de hombres, mujeres, jóvenes y adultos más educados del país e incluye a los diarios La Tercera y Pulso, las revistas Qué Pasa y Paula y entre otras, a las radios Paula, Zero y Duna.

Ahora el conglomerado prepara la salida de un canal de televisión de televisión abierta, el 22 de la señal UHF, lo que, según lo publicado por El Mostrador,sería “el sueño de Saieh, un canal de televisión con el perfil de radio Duna, opinante y muy influyente en la elite”.

Al periodista encargado de poner en marcha ese proyecto, Alberto Luengo, no lo convence esa definición: “Que siga la línea es posible, que sea opinante sí, que sea influyente, naturalmente, tiene que serlo, pero no hay que reducirlo a una marca o a un programa en particular. Este es un producto nuevo, esperemos que tenga capacidad de generar su propia identidad y público”, dice.

Después de décadas dedicadas a los medios escritos como periodista o editor en El Mercurio, El País, La Tercera o como director de La Nación o subdirector del diario Siete, hace seis años Luengo se pasó a la televisión y asumió como responsable de contenidos de CHV. Además se hizo cargo de “Tolerancia Cero”, programa que durante 2011 tuvo su mejor temporada en rating y marcó pauta con las entrevistas a James Hamilton, Pablo Simonetti o Camila Vallejo. Desde hace pocas semanas, sin embargo, Luengo lo dejó para ser director de prensa del canal de Copesa.

—¿En qué consiste este proyecto?
Es un canal abierto, en la frecuencia UHF, y como tal va ser generalista, con una programación “normal” o de canal abierto con énfasis en contenidos informativos, noticias, y programas de ese tipo.

—Generalista pero de corte informativo. ¿Eso significa que se va a parecer más a TVN o a CNN Chile?
A ninguno de los dos. Va a ser una especie de híbrido. TVN, Mega, Canal 13, son los canales grandes. Nosotros no vamos a entrar en esa competencia, y por tanto hay una serie de contenidos que ellos tienen que tener para conseguir audiencias que en nuestro caso no van a ser necesarios. Por otro lado CNN Chile es un formato tan único que difícilmente se puede replicar en una versión abierta, así es que va a tomar elementos de ambos, pero va a ser una propuesta propia. Detalles no te puedo adelantar, me he encontrado con una idea general pero la carne hay que construirla entre todos.

—¿Quiénes son todos?
Hasta el momento yo.

—¿En serio?
Bueno hay un director del proyecto, Ricardo Avello (gerente corporativo de Estudios y Negocios de Copesa) que es director del canal. Él es un ejecutivo de Copesa de muchos años, especialista en proyectos. Es la única persona con la que estoy diseñando el formato, pero obviamente vamos a convocar a un grupo de profesionales, algunos de la televisión, otros de otras áreas para formar un equipo e ir dándole forma.

—Entre la Radio Duna y La Tercera hay sinergia y nombres compartidos… ¿Va a pasar?
No te puedo responder ahora. Es una idea estimulante, interesante, hay un grupo de profesionales importantes en estos medios, y por supuesto que ellos van a tener la oportunidad y si se dan las cosas, vamos a hacer sinergia, pero hasta qué punto y nivel, no lo sé. No es una condición del proyecto.

—¿Qué cosa sí está planteada como condición del proyecto?
Una sola: televisión de buena calidad, buena factura, de un trato respetuoso e inteligente hacia las audiencias.

—¿Cómo defines tú televisión de calidad?
Creo que hay una demanda de las audiencias de todos los segmentos sociales, pero particularmente de la clase media, C2… Piden una televisión que segmente mejor los intereses diversos de los grupos. Hay una gran cantidad de gente cuya principal y casi primordial demanda a la TV es entretención porque llegan del trabajo cansados, necesitan descomprimir su tensión del día, y piden contenidos ligeros, livianos, fáciles, en algunos casos entretención y también morbo, sensacionalismo, espectacularidad, impacto. Yo defino este otro tipo de televisión como una que busca más bien el otro estado de ánimo de las personas.

—¿Otro estado de ánimo u otras personas?
No son necesariamente personas distintas. Hay momentos en la semana o del día en que tú puedes estar más interesada en participar de la discusión pública, en que te expliquen los fenómenos más importantes, sin que por eso sea una lata o un sesudo análisis. Hay contenidos relativamente complejos como el caso Bombas, lo que ocurre en Siria, la crisis en Grecia o la baja adhesión del Gobierno a los que la televisión abierta tiende a hacerles el quite porque no cumplen con la demanda principal de entretener livianamente y requieren un espectador más activo. Hay excepciones: en todos los canales hay uno, dos o tres programas que hacen algo distinto, pero lo que yo quiero en este canal va por esa línea más que por el mainstream.

—¿Es un canal para las elites?
No necesariamente. En Chile las elites no llegan al cinco por ciento de la población y nosotros pretendemos llegar a más. No: que llegue a todos los segmentos, pero no a todas las personas de todos los grupos, sino a los líderes de cada uno, que puede ser el personaje que más sabe de actualidad en cualquier grupo… Creo que hay público para un canal que pretenda hacer de la televisión un espacio de interés y no solo de entretención.

Yo no tengo una vocación de minoría, ni quiero que este canal sea exclusivo, tiene que ser abierto y ojalá que todos lo quieran sintonizar. A lo mejor en algunos programas vamos a ser de amplio impacto y búsqueda de público y en otros menos. La idea central es buscar una televisión que haga pensar un poco y nos ayude a entender el mundo en que vivimos.

OPINIÓN Y FARÁNDULA

Tan recién llegado está Luengo a Copesa que todavía le cuesta sacarse la camiseta de CHV. Su experiencia televisiva viene de ahí y “Tolerancia Cero” es un tema que cruza constantemente la conversación. El periodista y profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado habla orgulloso del espacio y cree que ese programa demuestra que hay lugar para un nuevo canal. “Es como el moscardón, no debería volar, pero vuela, existe, lleva 12 años, y es el programa de mayor relevancia en la discusión de actualidad en la TV. Es una prueba de que se puede apelar al otro estado de ánimo”.

A “Tolerancia Cero” llegó cuando recién pasaba de la mañana del domingo al horario prime y se centraba en una conversación más libre entre los panelistas. Progresivamente Luengo le dio un perfil más periodístico y le incorporó invitados. “Mi tarea fue orientarlo hacia una conversación cada vez más vinculada con la actualidad, a los sucesos más importantes de la semana, abriéndolo de la política a temas de interés más ciudadano”, dice. Pero ese no fue su único desafío en CHV: como responsable de contenidos del área no periodística del canal, que incluye estelares, y algunos programas de servicios y conversación como “SQP” o “Primer Plano”, conoció la cara más masiva y centrada en la entretención de la televisión.

—¿Qué aprendiste en ese cargo?
Aprendí que hay un ente fiscalizador que no existe en ningún otro espacio de la prensa que es el Consejo Nacional de Televisión (CNTV). Aprendí a conocer sus criterios de jurisprudencia, su forma de pensar, y por tanto a trabajar con los márgenes que el Consejo establece, cosa que no es fácil de aprender desde afuera porque suelen ser poco predecibles estas personas.
El periodista cree, como muchos en su ex canal, que el organismo regulador se ha ensañado con ellos. “Un ejemplo: La rutina de Tony Esbelt en el Festival de Vina, la misma que hizo durante años en Mega con el Kike Morandé, el mismo perfil de humor, fue condenada con la multa más alta que ha tenido la televisión chilena, porque se metió en las pantallas de CHV. Hubo más casos así”. Su cargo consistió entonces en entender cómo opera ese organismo y siente que cumplió: “El canal tiene mucho menos sanciones y es tanto o más libre que antes en sus contenidos”.

—Además de disminuir las sanciones, ¿cuál fue tu aporte ahí?
Ayudar a construir una plataforma de programas, particularmente de farándula, que tocara teclas menos dramáticas, menos invasivas, sin perder su carácter de periodismo de punta en esa área, pero menos oscuras, más alegres, más simpáticas. “SQP” es un programa que toca mucho la tecla del humor y “Primer Plano” es capaz de reírse de sí mismo, no todo es tan dramático y severo.

Luengo tiene un discurso sobre la cobertura de farándula que, sin negar su componente de entretención, le atribuye una función periodística. “Las figuras públicas o que viven de su imagen fundamentalmente a través de la televisión tienen la misma responsabilidad social que los políticos y autoridades en cuanto a que son líderes de opinión relevantes. Por tanto, la labor de fiscalización y de crítica que hacemos sobre un ministro, parlamentario o sacerdote, también corresponde hacerla sobre ellas. Si una persona está todos los días aprovechándose de la pantalla para incorporarse como un rostro familiar a los living y dormitorios de las casas, es legítimo que su vida privada tenga menos fronteras, que pueda ser un poco más invadida que la del promedio de las personas”.

—¿Por qué?
Porque tienen más responsabilidad social. La vocación más de fondo de la televisión, como cualquier otro periodismo, es la fiscalización del poder: cuando hay rostros que pueden decirte “compra este televisor”, o “haga esta campaña” y no otra, ese poder también tiene que ser contrarrestado.

—Pero te estás yendo de ahí a un proyecto que, a juzgar por lo que has dicho, no incluye esos contenidos
No me fui por el tema de la farándula o el perfil de CHV. Por el contrario, tengo la mejor relación con la gente de ahí, es un canal súper interesante, con un enorme vínculo con las audiencias. Eso no tiene que ver con mi salida, sino con la oportunidad de un proyecto interesante y alternativo, que tiene espacio en la sociedad chilena. Tiene que ver mucho con mi tarea principal que fue conducir un programa de opinión, darle un sentido, orientarlo hacia cierto perfil de público. Es una continuidad.

MIEDO A LA LIBERTAD

Entre las cosas que Luengo destaca de CHV están la cercanía y libertad con que ese canal se relaciona con las audiencias. “Hasta antes del año pasado era el único canal de los grandes que no dependía ni de la Iglesia ni del Estado. Canal 13 y Mega por diversas vías declaraban que su misión era evangelizar la cultura o ser un canal de orientación valórica católica, y TVN es un canal dependiente del estado, con una estructura estatal bien potente desde su directorio hasta todos sus programas.

CHV tenía la libertad de ver lo que las audiencias estaban pidiendo y construir programación orientada a satisfacer esa demanda, con los límites naturales internos del buen periodismo clásico y los externos de la fiscalización. Desde el año pasado se está asistiendo a un nuevo paradigma de la privatización total. El único canal que tiene una misión más allá de responder a las audiencias es TVN, y hay una seria discusión al respecto en el Congreso. Los otros han sido comprados por grupos económicos cuya única o principal misión, es —y lo digo en el mejor sentido de la palabra— mejorar su rendimiento económico y eso impone una lógica de mercado que no sé a dónde va a orientarse, pero es un escenario distinto al que estaba acostumbrado en los últimos cinco años”.

—¿Qué te parece que ahora el modelo, con la excepción de TVN, se haya privatizado?
Las misiones en los canales estaban mostrando sus múltiples orificios. Hizo agua el Canal 13 porque su misión no se pudo adaptar. No es que no lo supieran hacer, por ahí pasaron personas extraordinariamente talentosas, pero no pudieron adecuar la misión evangelizadora de la cultura con las demandas de la ciudadanía que quiere ver “Mundos Opuestos”. La gran excepción es TVN, que tiene una misión integradora, republicana, que no va contra las audiencias, sino que va en favor de una determinada concepción del país y eso es muy legítimo y necesario. Con esa enorme excepción, el resto de los canales tiene que cumplir la ley y cumplir con sus audiencias: entretener, acompañar, informar, generar contenidos, contribuir a la conversación del país desde todos los puntos de vista, esa es la misión de la televisión. Si no, vamos a tener una televisión que no habla del país real, y eso es un problema peor que hablar de farándula.

—¿Qué es hablar del país real?
Bueno, darle espacio al caso Karadima, por ejemplo, con toda su complejidad en la TV.

—Eso lo hizo TVN, el canal con misión…
Sí pues, pero no lo hizo Canal 13 en su momento. A eso me refiero: TVN es una muy buena y valiosa excepción, pero tener una misión, tener que evangelizar, creo que afecta a los contenidos de manera tan radical que terminas hablando de una país que no es el real.

—El Congreso, además de legislar sobre TVN, también discute sobre el rating online, ¿es una herramienta útil?
No es imprescindible pero sí es necesario. Si uno tuviera la cabeza para analizar el rating online al día siguiente y cruzarlo con el programa, analizar qué contenidos estaban siendo demandados por qué tipo de audiencia, yo te diría elimínalo, pero como lo que pasó ayer ya es pasado, antiguo, y estamos pensando en mañana, la única posibilidad que uno tiene de ver qué pasa con las audiencias es online. Nadie es tan sincopado, para decirlo de manera elegante, como para sacar a un invitado del aire porque está marcando poco.Lo que uno hace es construir un ciclo de conversación y si el rating está en llamas lo prolongas, si está bajo, termina el ciclo y cierras, pero nadie hace la tontera de decir “este número me bajó un punto, entonces lo saco del aire”.

—¿Nadie?
Esa televisión ya no está a la orden del día, se hizo en un momento cuando partió el rating online, hubo muchas locuras de ese tipo, pero se ha ido aprendiendo, la televisión ha ido aprendiendo. Así es que un recado: señores parlamentarios, no se compliquen con el rating online, no es el problema.

—¿Cuál es el problema?
No sé, que ellos me inviten a la comisión y yo les digo.

—Un adelanto para que se entusiasmen.
No hay que tenerle miedo a la libertad y a las audiencias, creo que hay mucho temor a la libertad. Mucho Erich Fromm.

—¿Quieres decir que el sistema televisivo debería estar más desregulado?
Yo creo en la autorregulación de los medios. Creo que un canal que se va al chancho, que es excesivo, se va a autorregular, las audiencias lo van a castigar. Esta mirada de algunos parlamentarios, no todos, de que el rating online convoca los peores demonios, se origina en el fondo del temor a que las personas se expresen con libertad y que eso pueda volverse en contra de los que se sienten a salvo de toda mirada escudriñadora. La transparencia como valor llegó para quedarse. Si uno mira hacia atrás, el parlamento o la propia TV, se construía entre cuatro paredes sin que nadie los fiscalizara de verdad; hoy todos estamos sujetos a fiscalización: desde el Presidente hasta la figura de moda. Hay una ley de transparencia y las personas la están haciendo propia y la televisión tiene que hacerse parte de esas demandas. Yo soy partidario de aceptar un poco de excesos a cambio de mucha transparencia, y no de aceptar mucha opacidad para evitar un poco de excesos.

—Pero la crítica que se le hace a la televisión no es que fiscaliza mucho y no deja dormir a nadie tranquilo, sino que se ha banalizado, que no está hablando de las cosas importantes.
Ojalá que esa crítica sea tan numerosa como para que nuestro canal futuro tenga un espacio en el mercado.