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Iván Vera-Pinto Soto / Magíster en Educación y Dramaturgo Todo comenzó en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, fundada en Ayacucho en 1667, la... Sendero Luminoso y Derechos Humanos

Iván Vera-Pinto Soto / Magíster en Educación y Dramaturgo

Todo comenzó en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, fundada en Ayacucho en 1667, la que después de permanecer casi un siglo cerrada fue reabierta el año 1958 para hacer frente a las condiciones de pobreza de la región. Al respecto, Granados, en su texto “El PCP Sendero Luminoso y su Ideología”, indica que ella “asumió nuevos retos frente a las aspiraciones de los pobladores urbanos y rurales. Por primera vez tenían acceso a ella los sectores tradicionalmente marginados, ya que los hijos de las grandes familias huamanguinas preferían, como siempre lo habían hecho, estudiar en las universidades de Lima” (1999: 203).

La repercusión social que alcanzó la universidad en esta región fue relevante. Entre los años 60 y 70, más de la mitad de los estudiantes matriculados procedían de provincias pobres de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, concentrándose el 40 % de los mismos en la Facultad de Educación, en la que impartía docencia el profesor Abimael Guzmán. Para los años 70 la UNSCH ya se había consolidado como motor de desarrollo de Huamanga. Fue de esta manera que una creciente masa estudiantil dio vida a todas las actividades sociales y comerciales que nacieron en esta localidad.[14]

A comienzo de los 70, instalado en la universidad y valiéndose de la vinculación que ella tenía con las zonas rurales, Sendero comenzó a extender su ideología, tomando como bandera de lucha la situación de pobreza y miseria que vivía la región, prometiendo la construcción de una nueva sociedad basada en la doctrina marxista. De esta manera, los cuadros dirigentes de Sendero se aglutinaron en la Universidad San Cristóbal al estudio del marxismo, hasta construir una línea ortodoxa, con la cual expandieron su paradigma entre los estudiantes universitarios y secundarios, constituyendo un partido reducido en militantes, pero ideológica y orgánicamente muy disciplinado.[15]

Sendero alucinaba a los sectores estudiantiles y campesino con la idea de una revolución donde ellos serían los protagonistas. Naturalmente que hay un importante margen de audacia y también de búsqueda de ascenso social entre los jóvenes provincianos marginados que comenzaron a asistir a las “escuelas populares” que organizaba Sendero.Para el año 1978, esos mismos cuadros se distribuyeron en toda la región y actuaron como una poderosa fuerza política.

Paralelamente, Sendero desarrolló múltiples acciones estratégicas para acceder al gobierno universitario, en el marco de autonomía universitaria que regía a ese país.  Además tuvo una activa participación en el debate público sobre la realidad nacional e internacional; interviniendo en todos los espacios sociales  y políticos desatendidos por el Estado.

En conclusión – tal como señala Portacarrero-  (“Razones de Sangre”), el nacimiento de Sendero en la UNSCH se debió a “la postración provinciana frente a Lima, el hecho que la Universidad de Huamanga despertara, al fundarse unas expectativas que después se frustraron” (1998:94). En el fondo, supo canalizar estratégicamente los infortunios de la gente socialmente postergada y de los estudiantes ayacuchanos que veían muy pocas posibilidades de movilidad social por la estructura centralista y desigual del país, imponiendo una militancia radical y una ideología violentista.

La primera preocupación de Sendero en la Universidad fue la formación de cuadros, haciendo un trabajo de concientización, a través de sus docentes, entre los estudiantes de los primeros años. De igual manera aprovechó el concurso de estudiantes de enseñanza media, los cuales contaban con una preparación política previa. Siendo Guzmán directivo universitario, presionó para introducir un conjunto de cambios curriculares, para que se incluyeran asignaturas basadas en los manuales marxistas. Estos cambios fueron apoyados por el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER) de tendencia senderista y resistido por algunas Facultades contrarias.

De igual forma, Guzmán, desde la Dirección de Personal, también posibilitó la contratación de profesores senderistas. Por su parte, Antonio Díaz, otro dirigente senderista que ocupó el cargo de Director de Bienestar Estudiantil, favoreció con beneficios universitarios (alimentación y residencia) a los alumnos simpatizantes de su movimiento.

La presencia senderista en la universidad no sólo fue discursiva y persuasiva, sino también violenta. Es decir, en muchas ocasiones utilizó la fuerza para mantener un dominio en las aulas, en medio de un clima de intolerancia. Del mismo modo, Sendero se posesionó de una Facultad clave para sus objetivos, ella fue Educación.

A través de ésta pudo controlar una red de docentes jóvenes los cuales ejercían docencia en las zonas rurales y populares de Ayacucho. Para ello aplica un discurso paternalista y verticalista, sin diferenciarse de la retórica política tradicional. A pesar de ello, Sendero encontró una fuerte resistencia en otros grupos izquierdistas de la universidad, siendo incluso desplazado de algunos espacios de poder.

Para adoctrinar a los estudiantes, Sendero, instrumentalizó una “escuela de cuadros” al interior de la universidad. Esta se caracterizó por imponer una doctrina intransigente que reclamaba ser poseedora de la verdad universal. Por lo demás, exigía la renuncia de sus militantes a la propia individualidad y la sumisión absoluta al pensamiento y doctrina del partido.

El paso a la militancia se sellaba con la conversión de la persona en partidaria de los principios del partido. Potocarrero explica: “Como cualquier convertido, el militante senderista se pretende un hombre iluminado, sin fisuras; alguien salvado de las iniquidades de la vida al haber  encontrado la verdad definitiva” (1988:59). Esta supuesta fortaleza teórica se reafirmaba al autocalificarse como seguidores de la ideología “todopoderosa” del marxismo-leninismo-maoísmo.

Ante la vida miserable, con traumas y un futuro sombrío, Sendero les ofreció a los jóvenes perfilar su nueva personalidad de revolucionario combatiente. Inculcó en el joven la idea que la vida tiene un solo sentido: edificar la sociedad comunista. La esencia de su realización sólo está en ese propósito y por eso la ideología senderista motiva el coraje y el actuar violento del joven.

Su “escuela de cuadros” se basó en la construcción de una línea ortodoxa del pensamiento marxista, en su lenguaje no había posibilidad de términos medios. Por ello era común escuchar en su proclama la expresión de la “lucha de dos líneas”. La ideología senderista representaba la “línea justa y correcta”, debiendo todos sus militantes obediencia y respeto ciego hasta en la intimidad. Dentro de esta organización no había margen de contradicción y los militantes solo debían acatar órdenes de la dirigencia.

La imposición del modelo senderista en  la juventud también se facilitó con la existencia de algunos supuestos pedagógicos tradicionales, tales como: Considerar al alumno como un mero objeto de enseñanza, no permitir que el alumno construya su propio conocimiento, creer que lo que el profesor enseña es lo que el alumno aprende, suponer que el método científico es más importante que la idea a investigar y ver al alumno como un objeto manipulable y no como persona. Por todo lo dicho, fue fácil que este estudiante adiestrado para la pasividad asimilara el mensaje senderista, sin mayores críticas ni resistencia.

En una somera exploración del mensaje que Sendero transmitía a los jóvenes, detectamos las siguientes constantes: Se apela a una arenga confrontacional y violenta en relación al orden establecido. Se promete a los hijos de los pobres la posibilidad de ascender socialmente por la vía del nuevo estado senderista. Se propone entregarles el poder de las armas para que controlen sus comunidades. Se otorga una identidad “total” (política-ideológica-militar) a los que tenían pocas esperanzas de progresar socialmente. Se le exige al joven absoluta obediencia al  partido. Y, finalmente, se impone un discurso castigador pero “justo” contra todos los males sociales.

Esta acción “piloto” que hizo la dirigencia senderista en las universidades UNSCH y Cantuta le sirvió de modelo para replicarlo en otras casas de estudios. Esta fue la razón para que Sendero planteara la tesis de “la defensa de la universidad”, interpretándola como el espacio de donde debía surgir los cuadros para la revolución.

La experiencia de Sendero nos demuestra que siendo la universidad una de las instancias más sensibles a las ideas y posiciones políticas existentes, corre el peligro que se deslice por el camino de la violencia política, sino se le concibe como el soporte de ideas que descubran y promuevan la senda del respeto por los DD.HH., la democracia y la paz.

Para los DD.HH. en el Perú, y para todos quienes lucharon por su defensa, Sendero trajo muchas consecuencias negativas. Las pérdidas humanas fueron incalculables, contando abrumadoramente entre sus víctimas a campesinos ajenos a los enfrentamientos. Al mismo tiempo, se produjo en el ambiente nacional una profunda degradación en el aprecio de la dignidad humana.

Si bien Sendero fue derrotado en el plano militar, sin embargo dejó graves secuelas al nivel de la conciencias y en el tipo de valores que impuso en los jóvenes.

Por lo demás, la Universidad de Huamanga, después de la declaración del estado de emergencia en Ayacucho (14 de octubre, 1981), quedó prácticamente sitiada por las Fuerzas Armadas y policiales, produciéndose de manera sistemática reiteradas transgresiones de la autonomía universitaria, persecuciones a profesores y estudiantes y violaciones de los Derechos Humanos. Las instalaciones de la universidad fueron objeto de numerosos atentados perpetrados por los senderistas.

El resultado final fue el aislamiento de la universidad y la marginación de sus profesores, alumnos y titulados del contexto social y académico nacional. El mismo informe de la CVR concluyó que “como saldo de la violencia política, la universidad perdió el liderazgo regional. Su imagen quedó seriamente resquebrajada al relacionarla equivocadamente con la subversión. Los miembros de la comunidad universitaria fueron estigmatizados y en muchos casos tuvieron que optar por el silencio o emigrar”. (2003:601)

Para que la historia de Sendero no vuelva a reiterarse en nuestros países sostenemos que es necesario que las universidades abran perspectivas de desarrollo a nuestra juventud, no sólo en el plano socio-económico, sino también en la promoción de un espíritu crítico que reemplace a la concepción verticalista de la enseñanza por una horizontal, donde el estudiante pueda cuestionar lo que el maestro pretende postular como verdad universal.

Al igual que en el Perú, en todos los países donde ha existido un proceso de enfrentamiento armado interno, existe la percepción en la ciudadanía de vivir una suerte de desprotección por parte de los organismos de Derechos Humanos y del Estado, como instancias defensoras.

Sumemos que en nuestro continente aún se mantienen diversas formas de violencia individual o social, como consecuencia de la subsistencia de los desequilibrios económicos y sociales. La pobreza y el hambre constituyen realidades que violan permanentemente y de la manera más profunda el pleno ejercicio de los DD.HH. Al margen de la inequidad distributiva de la riqueza de los países, debemos agregar la falta de políticas públicas rectoras, el crecimiento exponencial de la corrupción y la acelerada des-democratización del sistema neo-liberal, todo lo cual conspira con los derechos esenciales del hombre.

Potencialmente, la universidad debería convertirse en  el escenario donde se desarrolle la praxis de la convivencia y la transformación social. Dicho de otra manera, para disminuir las formas de violencia política, la universidad debe fomentar en su comunidad una actitud crítica frente al desenvolvimiento de la sociedad y los paradigmas que hoy la gobiernan.

Igualmente, el tema debería estar asociado con la defensa, la denuncia, el debate, la acción social y la instalación de un pensamiento latinoamericano de los DD.HH. Esta reflexión va más allá de un simple ejercicio intelectual, compromete una postura ética que defienda la existencia de la vida humana con dignidad.

Sabemos que la simple  inclusión de ciertos temas y contenidos en un currículo educativo no garantiza una formación adecuada, además, se precisa contar con una pedagogía que facilite el aprendizaje basado en los valores que los derechos humanos. Por ello que es importante capacitar a profesores en nuevas estrategias pedagógicas para generar un aprendizaje efectivo del alumno.

A su vez, se precisa la articulación de un espacio académico reflexivo en torno del tema de la memoria –  tal como ocurrió en el Perú con la Comisión de la Verdad y la Reconciliación –  tomando de base los hechos ocurridos en  aquellos períodos de quiebres institucionales, ofreciéndole al estudiante  maneras concretas para construir la esperanza en el futuro.

En la misma línea, es perentorio que se incorpore en el currículo el enfoque de la educación para la paz (contenido curricular no considerado en la educación peruana en esa época), para que ayude a los educandos a desarrollar una conciencia crítica-reflexiva, les infunda el respeto por los valores éticos y le faculte una capacidad de comprensión y tolerancia por otras culturas, ideologías y maneras de vivir. De igual forma, esta perspectiva debería favorecer a los alumnos a comprender la sociedad en que viven y la interdependencia que tiene con otros individuos, grupos sociales y naciones.

Para ampliar el compromiso de todos los sectores sociales en la causa de los DD.HH y la Paz, es necesario promocionar, a través del currículo educacional, una cultura que coadyuve a erradicar las condiciones  implícitas que indujeron la violencia y  la guerra, tomando en cuenta las lecciones del pasado de nuestros países, toda vez que las heridas de pobreza aún se mantienen abiertas en el continente.

En ese orden, la defensa de los DD.HH. en la universidad debería estar ligada con una acción solidaria que contribuya a los procesos de cambio de las realidades injustas que sufren los sectores sociales postergados. Todo ello compromete a investigar más sobre las situaciones históricas; y  desarrollar una praxis social de los DD.HH., bajo el contexto de un proceso social global y local.

En definitiva, por los antecedentes entregados, creemos que la presencia de los DD.HH. y la importancia de éstos como aspecto relevante de la ética pública de las sociedades, requieren espacios académicos donde se reflexione, se investigue y se difunda sobre los DD.HH y sobre las exigencias sociales, jurídicas, políticas, culturales y económicas de su reconocimiento y protección. La investigación sobre el sentido y los contenidos de los DD.HH. y la enseñanza y difusión de los mismos, adquiere así, una relevante importancia para la educación universitaria y para el rol de la universidad en la sociedad.