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Leonel Reyes Fernández/Lic. en Ciencias Religiosas, Técnico en Prevención, Diplomado en Derechos del Niño “Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados, eran los hombres barbados de la... 1492: La maldición de Malinche en América Indígena y Latina

LEONEL REYES comLeonel Reyes Fernández/Lic. en Ciencias Religiosas, Técnico en Prevención, Diplomado en Derechos del Niño

“Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados, eran los hombres barbados de la profecía esperada”… 

España, país de la península ibérica, con más de 47 millones de habitantes, tiene una data histórica tan antigua como el mismo continente que le alberga. En años anteriores -en el 2010- España fue considerada por las Naciones Unidas como el país N°23 en el índice de Desarrollo Humano del planeta. Y en sus mejores momentos –hacia el 2005- ocupó el puesto N°5 en el ranking de los países con mayor PIB de la euro zona, luego de Italia, Reino Unido, Francia y Alemania con el primer lugar.

Sin embargo, en pleno siglo XXI se encuentra sumida en una de sus peores crisis económicas de su historia, llegando a un índice de desempleo del 27%, según datos en este año 2013. Más de 6.000.000 de seres humanos viven hoy las consecuencias de un modelo económico colapsado, exponiendo cada día a la ciudadanía a la incertidumbre de la cesantía, a la precarización de su vida personal y social, al deterioro de su salud mental y familiar.

Históricamente, España ha tenido distintas etapas de Conquistas y Reconquistas. Estuvo dominada por casi  8 siglos por el poderío musulmán del oriente. Es a partir del Siglo XVI donde se constituyó en una de las potencias monárquicas –junto a Portugal- más importantes del viejo continente europeo.

En la España contemporánea –a partir de la Ley 18 de 1987-  el “descubrimiento de América” es celebrado como “Día de Fiesta Nacional” con desfiles militares, presencia de la Familia Real, representaciones oficiales de las 17 Comunidades Autónomas y los representantes de los 3 Poderes del Estado español. Recién en el año de 1992 -en la denominada “Celebración de los 500 años”- uno de los descendientes directos de Cristóbal Colón fue nombrado como Almirante de la Real Armada Española. Con este gesto, el gobierno español quiso reivindicar el papel decisivo de Colón frente a la potente conquista española en territorios indoamericanos.

Mientras ellos celebran, los pueblos indígenas originarios de América Latina se reorganizan para protestar contra la imposición de un sistema de vida de matriz occidental eurocéntrica, se movilizan para reivindicar sus derechos colectivos pisoteados por siglos, se articulan en redes y movimientos para impulsar sus luchas de resistencia contra las empresas transnacionales del comercio, la alimentación, la energía y la gran minería, entre otras.

 “Se oyó la voz del monarca de que el dios había llegado y les abrimos las puertas por temor a lo ignorado”… 

Fue el sueño de un navegante apátrida –aún se discute su procedencia de origen, pero hay una tendencia a naturalizarlo como genovés (Italia)- el que cambiaría el rumbo de la historia de la Corona Española y para los pueblos indígenas conquistados del llamado “Nuevo Mundo”: fue Cristóbal Colón, hijo de su historia y precursor de la invasión, quien abrió el camino al poder político monárquico español y al poder religioso de la Iglesia Cristiana Católica para que se aposentaran hasta nuestros días de forma indefinida en estas tierras castigadas y oprimidas por la invasión del Imperio colonial español, liberadas parcialmente recién a principio del siglo XIX con  la creación de las jóvenes repúblicas criollas.

Se le atribuye a Guanahani –hoy Islas Bahamas de la Comunidad Británica de Naciones- el nombre de la isla descubierta por el navegante donde realizó el desembarco un 12 de octubre de 1492, pensando que había llegado a Indias. Colón re-bautizó a Guanahani como San Salvador y la adjudicó para el Reinado de España, en pleno proceso de reactivación económica debido a los gastos de las grandes cruzadas contra los musulmanes. Sin embargo, los acontecimientos tienen sus paradojas. Oficialmente, el reconocimiento en la historia se lo llevó el italiano Américo Vespucio (por una mención honorífica equivocada del cartógrafo Martín Waldseemüller, en 1507) como el descubridor del hallazgo del nuevo continente: América.

“Iban montados en bestias como demonios del mal, iban con fuego en las manos y cubiertos de metal… solo el valor de unos cuantos les opuso resistencia y al mirar correr la sangre se llenaron de vergüenza”… 

Este acontecimiento histórico ha pasado a denominarse en la historia oficial occidental como el “descubrimiento”, mientras que para la historia no oficial -de los verdaderos habitantes indígenas originarios de América- siguen creyendo que lo que sucedió fue una catastrófica y mutilante “invasión” premeditada y calculada por los poderes políticos y religiosos de la época. Desde aquel momento, los pueblos y culturas asentadas en estos territorios vivirían una de las dominaciones más controvertidas de la historia de la humanidad: el doble vínculo de complicidad entre la Espada y la Cruz.  

Con el tiempo, esta conquista tomó forma de una invasión comercial y colonizadora de gran magnitud, no solo por parte del Reino de España, también más adelante de otras potencias europeas en expansión, tales como lo fueron el imperio portugués, el imperio británico, el imperio francés y imperio de los Países Bajos. Se pasó desde la locura aventurera de un navegante hacia la codicia irracional del capitalismo emergente desde Europa. De “terra incógnita” a “terra nova” para explorar y usufructuar riquezas y territorios ajenos. Muchas de las riquezas que hoy ostentan los denominados países desarrollados, es fruto del sufrimiento, de la explotación y de la sangre derramada por miles y millones de indígenas indoamericanos.

 ¿Qué encubrimientos históricos y sociales hay detrás de este acontecimiento a 521 años de la invasión imperial colonizadora?

“Porque los dioses ni comen ni gozan con lo robado y cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado… en ese error entregamos la grandeza del pasado y en ese error nos quedamos 300 años esclavos”… 

Poco se comenta del plan operado por la monarquía española con la jerarquía eclesiástica católica europea, respecto a la indoctrinación religiosa y política de esta invasión.. Señalar que fue Rodrigo de Borja -Borgia, en italiano- de origen valenciano (España), que luego a partir de 1492, como Papa Alejandro VI fue el que políticamente definió los límites territoriales entre el Reino de España y el Reino de Portugal, a través de un conjunto de Bulas pontificias. Entre ellas, la “Breve Inter caetera”, las Bulas menores “Inter caetera” y la “Eximiae devotionis” y finalmente, la “Dumun siquidem”, todas ellas emitidas en el año de 1493.

Queda en evidencia el favoritismo que el Papa otorga los Reyes Fernando e Isabel concediendo el dominio y demarcación sobre las tierras descubiertas. Además, este Papa promovió abiertamente el monopolio comercial para el reino de España, incluyendo pena de excomunión para aquellos que se osasen desobedecer a los Reyes Católicos. La lucha por el poder no quedaría allí. Este nepotismo trajo consigo la molestia del Rey portugués, Juan II y para que todo quedara en paz se emitió el conocido Tratado de Tordesillas (1494), el cual establecía el reparto de zonas y territorios conquistados por ambos reinos. El Papa Alejandro VI nunca confirmó el Tratado, sino que fue con el Papa Julio II en 1506, quien a través de la Bula “Ea quae pro bono pacis” confirmó -y sacramentó ad eternum- el destino del Nuevo Mundo y el destino para las actuales generaciones humanas de América.

Hasta hoy los historiadores no han podido evidenciar las negociaciones que se llevaron en secreto entre el Papa y los Reyes españoles. Toda evidencia de aquel tiempo fue misteriosamente desaparecida o simplemente destruida. Rodrigo de Borja  quedó registrado en la historia de la humanidad como parte de una “leyenda negra”, donde siendo Papa estuvo involucrado en intrigas, conspiraciones y simonías de tipo económico, político y religioso. El poder terrenal y la gloria divina fueron parte de su controvertida, ambiciosa y lujuriosa personalidad. La indoctrinación religiosa, la  tortura y la hoguera fueron los instrumentos privilegiados para hacer desaparecer los vestigios de un desarrollado y glorioso pasado ancestral.

 “Se nos quedo el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero… hoy les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrios y damos nuestra riquezas por sus espejos con brillos”… 

En el discurso oficial del “descubrimiento” se sigue minimizando el costo humano, social y cultural que significó esta invasión. Todavía, la versión oficial occidental está presente en los sistemas educativos contemporáneos  a través de la indoctrinación social, política y cultural eurocentrista. Un paradigma relatado oficialmente sólo en versión de los “vencedores”.

Pero poco se comenta en las escuelas del brutal exterminio de más de 60 millones de hombres y mujeres de culturas milenarias asentadas y desarrolladas en tiempos de la conquista. Poco se comenta de la esclavitud y explotación sometida a la población indígena a causa de la ambición por el oro y de las demás riquezas que se llevaron al viejo continente. Poco se comenta de la destrucción de espacios sagrados, de la invisibilización de conocimientos astronómicos y de la sabiduría ancestral de estos pueblos y culturas.

Hoy las democracias burguesas latinoamericanas todavía funcionan con el paradigma occidental hegemónico, heredados de la hispanidad y del eurocentrismo. En nuestros tiempos, a pesar de que existe el Convenio Internacional Nº 169 de la OIT para los pueblos y asuntos indígenas, la mayoría de las actuales democracias latinoamericanas todavía se constituyen en un serio obstáculo para la verdadera emancipación de los pueblos y movimientos indígenas. Hay avances, hay iniciativas, pero son insuficientes hasta el momento. La mayoría de estas democracias realizan solo meras “adaptaciones” institucionales y coloridos “maquillajes” culturales para minimizar la crítica internacional.

 “Hoy en pleno siglo 20 nos siguen llegando rubios y les abrimos la casa y los llamamos amigos… pero si llega cansado un indio de andar la sierra lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra”… 

En la actualidad existen innumerables movimientos de resistencias indígenas en distintos puntos del continente (ver: www.servindi.org). Sin embargo, cualquier intento de protesta se minimiza con la supuesta versión ideológica de la “celebración del descubrimiento”, complementada con políticas de Estado que subrepticiamente promueven segregación, la indiferencia y el ocultamiento cultural. Hoy en pleno siglo XXI se continúa silenciando la discriminación étnica a nivel continental, se continúa ejerciendo violación a los derechos humanos y colectivos de los pueblos indígenas originarios, se continúa invisibilizando su participación protagónica, se continúa despreciando su particular cosmovisión del mundo y la sociedad.

Por ello, cada 12 de octubre, urge reivindicar y reconocer la lucha por la resistencia y liberación ofrecida por muchos líderes indígenas del continente, tales como Cuauhtémoc en México, Atonal en El Salvador, Guaicaipuro y Tamanaco en Venezuela, los Quimbaya en Colombia, Rumiñahui en Ecuador, Tupac Amaru en Perú, Tupac Katari en Bolivia, Lautaro en el sur de Chile, por nombrar los más emblemático. En estos 521 años de resistencia se llevaron a cabo cientos de rebeliones y alzamientos indígenas invisibilizados premeditadamente en la historia oficial occidental, ahora controlados bajo la servidumbre del indolente modelo de civilización capitalista neoliberal globalizante.

Personajes sensibles y visionarios fueron los que muchas veces salieron en la defensa de los derechos de los indígenas, como por ejemplo en el siglo XVI fue Bartolomé de las Casas (los historiadores hablan de aproximadamente 50 misioneros que se destacan como defensores de de los derechos de los pueblos indígenas) o como Mons. Leonidas Proaño en el Ecuador, o como James Anaya en EEUU entre los más destacados en plena época contemporánea. Pero existen muchísimos más y cada país, cada región, cada comunidad tendrá sus propios defensores y líderes indígenas, aún anónimos en la historia oficial occidental.

Finalmente, se puede concluir que toda esta aventura de invasión imperialista iniciada en 1492 fue parte de un gran “Plan de Conquista” pensado desde Europa y para Europa. Hoy este Plan sigue vigente, con la diferencia de que ahora rige un “Nuevo Orden Mundial” liderado por EEUU de Norteamérica en alianza con las grandes potencias militares, comerciales, financieras y tecnológicas de Europa. Quizás muy pronto por los asiáticos. El imperialismo cambió de actor, pero mantiene intacta sus intenciones colonialistas, expansionistas y de dominación en la América actual. Mientras tanto, la “Maldición de Malinche” seguirá resonando insistentemente en las mentes de millones de hombres y mujeres que se han desclasados étnica y culturalmente.

 “Tú, hipócrita que te muestras humilde ante el extranjero pero te vuelves soberbio con tus hermanos del pueblo”… 

 “Oh, maldición de malinche, enfermedad del presente:

¿Cuándo dejarás mi tierra?… 

¿Cuándo harás libre a mi gente?”…

 (“La Maldición de Malinche”, canto popular de la cultura mexicana, interpretado por A. Ochoa y G.Palomares)

*El autor de este Artículo es Lic. En Ciencias Religiosas, Diplomado en Derechos del Niño y Políticas Sociales. Es Técnico en Prevención y realiza labores de desarrollo social y comunitario en Iquique.