Edición Cero

Leonor Quinteros Ochoa/ Socióloga. Magíster en Teoría Social Conocí a los hermanos Santander en Iquique, en los años noventa, cuando Chile todavía hacía intentos... La esperanza es bella

Leonor Quinteros Ochoa/ Socióloga. Magíster en Teoría Social

Conocí a los hermanos Santander en Iquique, en los años noventa, cuando Chile todavía hacía intentos por ponerse de pie después de una cruenta dictadura que arrasó con la diversidad de pensamiento y la brega por la libertad y la democracia  de miles de chilenos y chilenas. Los hermanos que eran diferentes en cuanto a carácter y aspecto físico compartían, sin embargo, la misma pasión por la fotografía y el cine que su padre, que los llevó muy pronto a involucrarse en el mundo del cine. Como muchos jóvenes, aún pesaban en su mente los años de dictadura vividos durante la infancia en los impunes años 90, guardándose la pena y el enojo en algún lugar profundo del corazón.

En el año 2016 los hermanos mostraron a la comunidad iquiqueña el documental “El Palero” realizado por ellos y un equipo de profesionales locales y de Santiago. Era la historia de la búsqueda  restos del abogado y funcionario de carrera del Estado, Julio Cabezas Gacitúa, fusilado en Pisagua, cuyo cadáver fue sepultado bajo las arenas del desierto que circunda ese portezuelo, lugar en que la dictadura echó andar su fatídica saga de tortura y muerte.

“El Palero” sorprendió a muchos. Su originalidad consiste en el hecho que los hermanos Santander  lograron orientar su perspectiva lejos del énfasis en el asesinado, en el morbo de los detalles siniestros, sino en las vicisitudes personales de un cercano a Julio Cabezas, su hijo. En el documental, la tragedia no parte de la brutalidad vivida en Pisagua. Tampoco tiene un narrador que relata hechos históricos. En “El Palero” es protagonista un hijo que buscó el cadáver de  su padre incansablemente.

No es necesario recordar la historia de los hechos posteriores al golpe de estado, porque el protagonista, Patricio Cabezas, lo transmite y vive a cada momento, con cada gesto, con cada mirada. No es necesario explicar en detalle de cómo los hombres y mujeres opositores al régimen fueron asesinados y torturados; porque los efectos de dicha acción pueden verse en el tono de voz del protagonista, su voz que se quiebra, palabras que se repiten, como se repite la historia en él también. El sólo hecho de recordar es una tortura, el sólo hecho de estar en Pisagua es volver a iniciar una búsqueda que duró años. En este film, no son protagonistas las banderas de los partidos de izquierda que todavía flamean en el lugar, sino los remolinos del cementerio, el ancho y profundo mar de Pisagua, su natural silencio y abandono.

En el documental, no es necesario gritar por justicia; ni llorar por los muertos. Las piedras, el viento, el calor del sol sobre lo que fue la gran fosa lo expresa en su intensa y clara belleza. Ni siquiera es necesario contar los detalles de porqué el padre fue asesinado. No importan los motivos ni los detalles de la militancia, de las acciones realizadas por el padre que llevaron a los golpistas de uniforme de aquella época a ejecutarlo pocos días después del golpe. Con ello, los hermanos Santander logran zafarse de la cuestión teórica en torno al golpe y su eterna discusión.

De modo contrario, los hermanos Santander presentan una historia de amor de un hijo hacia su padre, un amor tan profundo, que el hijo sacrifica gran parte de su vida para dársela a él. El hijo deja la casa y el sillón, y se va a buscar el cuerpo de su padre, y con ello, seguramente también, los momentos, los abrazos, los besos, las conversaciones, los retos, en fin…la vida filial cuya continuidad se le negó aún siendo niño. La búsqueda es también la búsqueda de lo negado, de lo perdido, de lo inconcluso. La historia del Palero deja, en algún momento, los escenarios chilenos, y el relato sigue en un marco universal, humano, total. Cualquiera en este planeta puede empatizar con el Palero, cualquiera puede sentir y compartir su dolor.

Se entiende entonces porqué “El Palero” gana el primer lugar en un festival mundial de documentales sobre Derechos Humanos en Nepal. Se entiende, porqué finalmente, el principio de la defensa de los Derechos Humanos incumbe a la humanidad entera como tal, sin importar el origen, el lugar, y todo lo material que rodea las circunstancias en que fueron violados esos derechos. En la valoración de los derechos humanos también hay sacralidad, que nos lleva a nuestro propio interior, a una meditación sobre lo hecho, sobre lo vivido junto a los otros seres humanos, espiritualidad que se expresa en la belleza de las imágenes y en el relato humilde y sincero del protagonista. En este documental, el protagonista nos ofrece su corazón, una conexión íntima, que, por cierto, no deja a nadie indiferente.

La angustia del hijo, su relato entrecortado, contenido, su pesada respiración y su solitario andar recibe el consuelo de la belleza del viento, del sol, y de la intensidad azul del mar de Pisagua, abrazándolo y acompañándolo a todo momento. Esta es una obra hecha con amor, con esperanza. El Palero nos invita a valorar el amor que somos capaces de dar; el Palero nos dice que la muerte no existe en realidad, y que nuestros seres amados siempre vivirán. A pesar de todo el horror, la injusticia, la barbarie de la dictadura que manchó para siempre nuestra patria, el Palero es una invitación a la esperanza a través del arte cinematográfico, pletórico de sinceridad y humanidad.

Los invito a ver el film -a quienes estén en Santiago- que se estrenará el 2 de junio a las 19:00 hrs en el Museo de la Memoria, justamente, en la fecha en que se descubrió la fosa en Pisagua. Les aseguro, que no habrá posibilidad de sentir indiferencia o distancia, y que verán la tragedia que vivió Chile y nuestra región de Tarapacá en dictadura  con nuevos ojos.

* Comentario sobre el documental “El Palero” realizado por los hermanos Santander, Iquique, Chile.