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Julio Cámara Cortés / Consejero Regional – CNCA Tarapacá En noviembre próximo, la ciudadanía que decida concurrir a sufragar, deberá elegir nuevamente a los  consejeros... CORES: ¿Qué son y para qué?

Julio Cámara Cortés / Consejero Regional – CNCA Tarapacá

En noviembre próximo, la ciudadanía que decida concurrir a sufragar, deberá elegir nuevamente a los  consejeros regionales, personajes  medianamente conocidos como CORES.  Digo medianamente, porque su rol y gestión aún resulta un tanto desconocido para la mayoría de la gente.  No obstante que su existencia, establecida a través de la ley 19.175, Orgánica Constitucional sobre Gobierno y Administración Regional tiene una data cercana a los 25 años,  sus funciones, para buena parte de la población, parecer ser todavía un enigma. ¿Qué son, para qué sirven?…

La ley antes citada estableció que  “La administración superior de cada región del país estará radicada en un gobierno regional, que tendrá por objeto el desarrollo social, cultural y económico de ella”, por tanto, cuando hablamos de gobierno regional, debemos referirnos a una instancia gubernamental conformada por la figura del intendente y del consejo regional.  Hasta el 2013, el CORE era electo a través de un sistema indirecto, en este caso, eran los concejales de los municipios de toda la región los que con su voto designaban a quienes integrarían dicho consejo.

Pese a que dicha modalidad fue siempre objeto de reparos por su carácter antidemocrático, y en muchos casos cuestionada su transparencia por la oscura y mítica presencia del “hombre del maletín” en las decisiones de los concejales,  tales objeciones no impidieron que el sistema se aplicara durante dos décadas, en una señal más del desinterés del “centralismo” y la denominada “clase política”  de escuchar la voz de las regiones.

La responsabilidad principal del CORE es decidir la asignación, vía proyectos, del presupuesto anual del Fondo Nacional de Desarrollo Regional, mejor visualizado como FNDR, y que el presente año alcanzó un monto cercano a los 40 mil millones de pesos.

A partir de 2013, y acorde con otras medidas tendientes a fortalecer la participación ciudadana y continuar avanzando en la profundización de la democracia en la sociedad chilena, los CORES fueron electos a través del sufragio popular, por lo que su  conformación ganó mayor legitimidad al estar refrendada por la decisión soberana de la ciudadanía, proceso que dará otro importante paso con la futura elección de la figura de “Gobernador Regional”, que reemplazará la autoridad y rol de los actuales intendentes.   El 2021 y mediante sufragio, el gobierno regional en su totalidad, esto es gobernador regional y CORES,  será electo por la ciudadanía.

Así, si la gestión y prestigio de los actuales consejeros es buena o deficiente, o que su desempeño haya o no estado a la altura de los desafíos y demandas de la región, ello no es más que el resultado del respaldo obtenido en las urnas, aunque no necesariamente por cada candidato,  ya que en este proceso operan también los pactos y subpactos  electorales.  En noviembre, como se indicaba al inicio, la ciudadanía, entre otras importantes decisiones, tiene que decidir la conformación del nuevo consejo regional que desarrollará su labor a contar de marzo 2018, y puede, en consecuencia, de manera libre y quizá no debidamente informada, ratificar  o reemplazar con su voto a los actuales CORES.

En esta tarea de informar adecuadamente acerca de las funciones y tareas de los CORES, sin duda que no ayuda mucho, el hecho que su elección se verifique en el contexto de otras definiciones de mayor relevancia para el país, como lo es la elección presidencial y parlamentaria, comicios que por su importancia concita mayor atención e interés  de la ciudadanía, contribuyendo a su menor visibilidad pública en el proceso electoral que ya se está viviendo. Doble tarea, entonces, para quienes postulan o repostulan a dichos cargos.

La elección del CORE, por su carácter regional, debiera realizarse en conjunto con los comicios municipales, a fin que dicho proceso no sea, como ocurre hoy,  “premio de consuelo” para los candidatos a parlamentarios, alcaldes y concejales que no resultaron ganadores en el periodo inmediatamente anterior.