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Guillermo Jorquera Morales. Ex Director TIUN-TENOR Conmovido el centenario de Violeta Parra, ha llegado al corazón de Chile, o ya estaba instalado en él,... De Corazón Violeta

Guillermo Jorquera Morales. Ex Director TIUN-TENOR

Conmovido el centenario de Violeta Parra, ha llegado al corazón de Chile, o ya estaba instalado en él, desde que trágicamente después de grabar el disco “Últimos temas de Violeta Parra”, dio paso a la   Crónica de una muerte anunciada.

Efectivamente fueron los últimos grabados, pero los que han trascendido eternamente por Chillán, /Canto a la chillaneja/de lo contrario no canto/; por la araucanía/ Arauco tiene una pena/que no la puedo callar/; por la capital,/te derrumbaron el cuerpo/y tu alma salió a rodar/Santiago, penando estás/; por el norte,/ y arriba quemando el sol/cuando vide los mineros dentro de su habitación/; por el tamarugal, /Run-Run siguió su viaje/llegó al Tamarugal/sentado en una piedra/se puso a divagar.

Esa conmoción me despertó en marzo de este año cuando la Red de Mujeres del Norte, conmemoraron el Día Internacional de la Mujer, bajo una carpa, como la de La Reina, con su presencia en expresión, en voz, en danza; conmovido con un “Gracias a la Vida”, danzado por madres acunando a sus bebés en sus propios brazos, por los versos del Canto para una Semilla, en la potente voz de Sonia Castillo, actriz del Tiun-Tenor, en el sentido cantar de Patricia Vigueras, con su lamento al “Desconfiado”. /¿Cómo se llega al alma del desconfiado/que vive pregonando “no me han amado”?/.

Y ya con Violeta en el corazón, recordando me trasladé a mi primera puesta en escena en Iquique, y escuché el triste cantar de La Chepa, de La Remolienda, de Sieveking, representada por Ana Marambio, actriz del Tiun-Tenor; / Ayayay adiós que…/adiós que se va el Segundo…/ ayayay en un bu…/ en un buque navegando…/.

Nuevamente en este 2017,  me veo en el Salón de Teatro de la Escuela Violeta Parra; viendo, tal vez lo más conmovedor para un maestro y un ex director de teatro;  un elenco joven, masivo en escena; más de 20 alumnas-actrices y 3 alumnos-actores interpretando varios roles, a excepción de Violeta, que siempre fue Violeta Parra, para contar y cantar la Vida de la Viola.

El guión de Luisa Jorquera, actriz del Expresión y del Tenor, junto a la música, estaban en el aire -de color violeta- contaron y cantaron artísticamente la vida y la no muerte de ella. Sus temas musicales fueron interpretados con fuerza, con emoción, con verdad, acompañadas con una banda de sonido previamente grabada.

La obra está marcada por varios clímax, que llegaron junto con sus inmortales obras; “Que vivan los estudiantes”, /Que vivan los estudiantes/jardín de nuestra alegría/son aves que no se asustan de animal ni policías/; “Volver a los 17”, /Y va brotando brotando/ como musguito en la piedra/, y el “Gracias a la Vida” final fueron los más altos.

El escenario vacío, (un poco me pareció la Carpa de la Reina en la última etapa de la Viola), que con algunos elementos que entraban y salían dieron la ambientación que la directora buscó, logrando con la coreografía mantener en un vilo emocional a la platea.

El saludo final fue vivido con todo el elenco cantando el “Gracias a la Vida”, pero con la emoción, la fuerza, y la certeza de que esta gratitud a la vida trasciende los mundos conocidos. El final fue apoteósico de emoción, ahora alimentado con los aplausos del público, de pie cantando, llorando, riendo…/cuando miro el fruto del cerebro humano/cuando miro el bueno tan lejos del malo/cuando miro el fondo de tus ojos claros/.

Fue una epopeya…? Fue una cantata…? Fue un musical…?

Fue una obra de teatro…, pero a todo color violeta.

Volví a ver esta puesta en escena en el Salón Tarapacá, y ese “Gracias a la Vida” final cantado a todo pulmón, a toda verdad, a toda emoción; a toda luz, en el escenario y en la sala, nuevamente marcó el final de la obra y con el público aplaudiendo de pie el trabajo de estos jóvenes alumnos-actores.

Ojalá que la Escuela Artística también forme técnicos y diseñadores escénicos, que son parte de una puesta en escena; no nos olvidemos que Rodrigo Bazáez Nieto; diseñador de teatro, cine y dirección en ambas expresiones, en la capital; empezó a formarse en una Academia Teatral estudiantil de Iquique,  solamente como diseñador teatral.

Y ya terminando octubre, sobrepasado el centenario,  y ya fallecido su hijo mayor /ya se murió el Angelito, y no quisiera llorar/, volví a vivir un episodio de corazón violeta, gracias al “Centro Social y Cultural, Circuito Norte” ahora con la incorporación de la Orquesta de Cámara de Tarapacá, interpretando en pleno corazón de Iquique, un concierto para Violeta, fue casi mágico; jóvenes estudiantes leyeron sus poemas inspirados por nuestra Centenaria Violeta, el frontis del Astoreca iluminado con figuras que recordaban los momentos de su vida, los instrumentos clásico de la orquesta, convirtieron el atardecer en vientos del sur,/corra sur o corra norte/llorando estoy/, que sonaron a todo corazón, junto a la voz sentida y quebrada de la Carola González, Iquiqueña; actriz del Tenor, que encanta con su canto. El mapping, la orquesta, la voz, lograron la armonía que ha provocado Violeta en el mundo.

¿Cómo terminará este Centenario de la Viola Chilensis?

¿Volver a los 17 después de vivir un siglo?