Gonzalo Prieto Navarrete, desde Madrid/ Sociólogo,

Calama despierta en pie de guerra: paro en la ciudad, promovido por el mismo Alcalde. La consigna: “que parte de los recursos del cobre se queden en la ciudad”. Y es que es cosa de ver la ciudad para saber las condiciones en las que viven. Y usted pensaría que cómo es posible que la ciudad que guarda en sus entrañas la riqueza más grande del país viva en las condiciones en que vive. Si es cosa de escuchar a la gente por la radio, todavía en Chile, ese desarrollo del que habla mucha gente, tiene ciudades con calles sin pavimentar.

Algunos piensan que estos son procesos aislados y que no generarán grandes cambios. Yo opino lo contrario: existe un hartazgo de la gente, sobre todo de las regiones más distanciadas del centro que tienen un identidad cultural y una historia diferente. El norte, que ha sido el motor económico del país, ha sido también explotado por una clase política y económica que se ha llevado sistemáticamente los recursos hacia otra parte, dejando rezagadas a las regiones de donde proviene la riqueza natural y no renovable.

Lo de Magallanes y Calama no son hechos aislados. Son gritos cada vez más fuertes por la descentralización real de nuestro país, que reconozca el trabajo y esfuerzo de la gente y donde la idea del desarrollo esté centrada en el buen vivir de las personas que la habitan.

Ello requiere como condición necesaria la capacidad de las regiones de tomar decisiones sobre los recursos que les son propios. La constitución asegura esta cuestión, ya que al mismo tiempo que prohíbe la afectación de impuestos a cualquier materia particular que no sean el presupuesto general, abre la opción de que siempre y cuando los recursos sean propios de la región en la que se producen podrá existir un impuesto regional. Díganme ustedes ¿qué es más propio de la región de Atacama que el cobre?

Estamos diezmando los recursos naturales no renovables de nuestro país, de nuestras regiones y nuestra capacidad de redistribución es altamente desigual. La única capacidad de respuesta es que las y los ciudadanos peleen por su tierra y su futuro, de lo contrario seguiremos esperando sentados que en el centro nos tiren alguna migaja.

Calama se para porque aprendió que el que no llora no mama, que ya no son suficientes las comisiones, la coordinación de los ministerios, las propuestas tibias de ley frente a la descentralización. Las regiones deben ser capaces de poner en el centro del debate la desigualdad no sólo entre clases sociales sino la profunda desigualdad territorial del país. Las oportunidades se reparten dependiendo de dónde se nace, creando la cultura de segregación, discriminación y xenofobia nacional.

Quienes piensen que esto sólo le pasa a las regiones,  den un vistazo a la región metropolitana, donde se reproducen de igual formas estas cuestiones. Debemos reformar el modelo de Estado que tenemos hoy y avanzar en un franco proceso de descentralización política y económica de Chile.

No es la primera ciudad, ni será la última. La gente está cansada, aburrida y la única manera de solucionar las grandes desigualdades de nuestro país es devolver la política a los ciudadanos y darle el poder real de tomar las decisiones sobre qué hacen con sus ciudades, regiones y recursos. Pero ello depende de la capacidad de las propias ciudades, aquello ya está sucediendo.


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